La planta a la altitud de 900 metros vive sometida a una dificultad extrema lo que finalmente dotará a la uva de abundante tanino y color (antocianos), aportando los aromas frutales que acompañarán al vino durante su crianza.
El proceso de crianza se desarrolla durante 12 meses en barricas de hasta 3 años de uso, 60 % de roble francés y en un 40 % de roble americano, lo que aumenta su complejidad y elegancia.